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miércoles, 22 de agosto de 2012

TRASTEANDO POR LA JUNGLA




Con el objetivo de mimetizarnos con los nativos del lugar nos hemos comprado un sombrero auténtico (los imaginarios no protegen del Sol) de piel de vaca australiana (de las de cuatro patas). Ahora sabemos que, aunque parezca mentira, yo la tengo más grande que Marina (estamos hablando de la cabeza de pensar).



El último día de nuestra estancia en Port Douglas recibimos la visita de Eloísa e Igor. Estuvimos dando vueltas por el pueblo y haciendo el guiri un rato. Acabamos la jornada haciéndonos una foto con una toalla que, cosas del destino, estaba pintada en forma de bandera australiana. La otra opción era hacernos una foto todos juntos saltando en la orilla, pero hay que ser chica y tener 15 años mentales para hacerse fotos así. 



Continuamos nuestro viaje por tierras australianas cambiando de familia de acogida; algo así como el poli de pasado turbio de las películas americanas, ese que no es el negro que va a jubilarse al día siguiente y matan al final. Estamos en Julatten, un pueblo situado a media hora de Port Douglas (donde estábamos antes) hacia el interior de Queensland, en plena selva tropical australiana. Concretamente está situado en medio del Mowray National Park, que forma parte del Daintree Rainforest (la selva tropical más antigua del mundo, lo hemos repetido tanto que cuando volvamos os lo vamos a preguntar, estáis avisados).

La familia con la que estamos ahora son los Brandon. El padre (Paul) trabaja en uno de los barcos que van llenos de turistas hacia la Gran Barrera de Coral. La madre (Katya) es profesora en la escuela para niños y jóvenes disminuidos de Mossman. Ambos son músicos y tocan en un grupo, Clarketown. Tienen dos hijos (Eden y Jasmine) de 12 y 9 años que, a pesar del asilvestramiento propio de la zona, están muy bien educados y, lo más importante, muy bien aprendidos.



La familia vivía en Melbourne pero querían hacer un cambio de aires radical. Pensaron también que no les apetecía que sus hijos creciesen en una ciudad como Melbourne. ¿Qué hicieron? Se compraron un trocito de selva, trasladaron en camión una casa centenaria hacia esa parcela y la montaron sobre una estructura metálica de 4 m de altura (así pueden construir un piso debajo, por lo que no tienen que pedir permiso especial ya que la ley marca los límites para construir “hacia arriba”). Lo curioso del caso es que hace años que Melbourne está considerada la mejor ciudad del mundo para vivir, en fin. Aquí las cosas funcionan diferente.



La familia va adecentando la casa poco a poco, aprovechando todos los materiales originales que pueden recuperar, con la ayuda de viajeros como nosotros. El trato es trabajar 20 horas a la semana distribuidas como quiera el viajero. De este modo se puede trabajar fuerte tres días y luego tener cuatro días libres para hacer turismo. Las comidas y sobremesas se hacen con la familia así que nuestro inglés va mejorando a pasos agigantados. Hemos conocido a unos cuantos franceses (con todo lo que conlleva ser francés) que llevaban meses viajando por aquí y no tenían ni idea de inglés: realmente España ha preparado muy bien a sus jóvenes desempleados; los únicos que compiten con nosotros a nivel de idiomas, por lo que nos hemos ido encontrando, son los alemanes.

En cuanto a la jugada de venirse a la jungla para educar a sus hijos, la jugada les está saliendo bien. Los niños son lo más parecido a una cabra loca que se pueda ser (siempre descalzos corriendo por todas partes) sin caer en el exceso. Eden parece ser que destaca como jugador de soccer, que es como aquí llaman al fútbol europeo. Recordamos que aquí llaman fútbol a una especie de rugby sólo para hombres de pelo en pecho que una vez entiendes las normas es bastante entretenido de ver. Jasmine tiene la habilidad de hablar con los animales (tienen una dálmata algo distraída, un ratón dormilón, algunas gallinas y un par de cotorras) aunque todavía no sabemos si los animales tienen la capacidad de contestarle. 



En otro orden de cosas, Julatten parece un criadero de talentos musicales. La noche que llegamos aquí nos llevaron a un evento para recaudar dinero para que un chico (Maru) pudiera ir a Manchester a hacer una prueba para el City. El evento lo organizaban sus padres (chilenos) y consistía en una cena con conciertos de amigos de la familia. Tocó el grupo de nuestra familia, los padres del chico, algún otro despistado y… el futuro futbolista (15 años) ¡Tocó con todos ellos! No le hemos visto jugar a fútbol pero le vimos tocando el cajón flamenco, las congas, la guitarra española, acústica y eléctrica y podría ganarse la vida perfectamente como músico. Hizo un dúo (“Jam session” o improvisación) de blues con un amigo suyo de 14 años que tocaba el saxofón como un auténtico profesional. Nos dejaron con la boca abierta. Aprovechando esta situación bucal cenamos unas empanadas chilenas que nos sentaron fenomenal. Si el chico llega a profesional nosotros tenemos fotos suyas del concierto, cosa que da cierta seguridad económica, ¿No creéis?

Antes de cerrar la paradita nos gustaría destacar un detalle del lugar donde estamos ahora: la ducha. Nos duchamos en un chamizo sin paredes artificiales. ¿Qué quiere decir esto? Pues que tenemos el suelo, el techo y cuatro columnas que los conectan. No hay paredes, sólo la jungla. Al principio es algo chocante pero cuando te acostumbras es como estar en un anuncio de colonia o de coche para aventureros.







El cottage donde dormimos, por cierto, tiene la jungla por jardín.



Como en esta actualización hemos puesto pocos chistecillos acabaremos con una cosa que a más de uno os hará sonreir:

  • Mosquitos: 37
  • Enrique: 14 (y remontando)
  • Marina: 0


Nuestro próximo destino es el Rancho The Ponderosa. ¿Será desde ahí nuestra próxima actualización?

Enrique & Marina

martes, 7 de agosto de 2012

NUESTRA VIDA EN PORT DOUGLAS




Aquí estamos otra vez, hemos estado ocupados disfrutando y por eso no hemos actualizado el blog hasta hoy. Llevamos ya unos cuantos días inmersos en la Australia tropical.

Estamos en Port Douglas, en la parte nordeste del estado de Queensland (capital: Brisbane, para el trivial). Port Douglas es un pueblo costero de unos 3000 habitantes que vive del turismo gracias a la Gran Barrera de Coral y al Bosque Tropical alrededor del río Daintree (más info unas líneas más abajo). Concretamente nosotros estamos alojados en la casa de la familia Kurth (Vicki, Byron y Óscar, el perro, un animal realmente divertido) donde comemos, dormimos y en definitiva vivimos, a cambio de trabajar unas horas por las mañanas.



La casa es la típica construcción Queenslander (de los terratenientes del estado de Queensland) y se encuentra en la falda de una colina, justo encima de los campos de caña de azúcar que forman parte de la propiedad (84 hectáreas de “jardín”, lo que son 84 Camp Nous).



La casa está  construida con madera y se encuentra elevada respecto al suelo (estilo hórreo). Es un modo de evitar que lleguen serpientes y arañas (enormes como puños y feas como Rajoy masticando un limón) hasta el interior de la casa y puedan intentar comerte en algún momento de indefensión, por ejemplo cuando haces caca.



Y dentro de este casoplón… ¿Dónde dormimos Marina y yo? ¡Fuera! En una cama King Size en el porche, bien protegidos por una mosquitera y un edredón de plumas (para los que aún dudáis acerca de la esfericidad de la Tierra: aquí es pleno invierno, tropical, pero invierno igualmente así que por la noche hace bastante frío).



Dormir al raso al principio resulta chocante ya que la casa está justo en el límite de la selva tropical (serpientes y arañas potencialmente mortales nos rodean, como por ejemplo la serpiente Taipán, destiladora del veneno más potente del mundo) y por las noches esto parece un concierto ¿Cómo hacen las cacatúas…? Pues eso. Grillos, wallabies, pavos raros, pavos muy raros, cacatúas, lagartos variados, kookaburras (buscadlo en  Google, internet es gratis en McDonald’s y en las bibliotecas públicas), plantas tropicales que al mecerse con el viento parecen una tropa de soldados desfilando… una pasada. Estamos viviendo como en El Libro de la Selva, como los exploradores de principios del siglo pasado, somos viajeros del tiempo.



Vicki y Byron se dedican a organizar viajes de aventura extremadamente caros y eventos especiales para empresas que quieren celebrar efemérides o hacer un poco de terapia de grupo con sus empleados (el famoso coaching). De hecho ellos son los que se encargan de la intendencia del programa “Survivor”, la versión australiana de “El último superviviente” y nos han explicado que todo el equipo del programa viajan como señoritos por los lugares más extremos de Australia y Nueva Zelanda mientras el presentador las pasa muy canutas. Son muy abiertos y nos cuidan bien. En su casa no hay cerraduras y las llaves de los coches están permanentemente puestas, así no se las olvidan. Aprovechando sus contactos vamos a ir a la Gran Barrera de Coral a un precio muy económico, cosa que es de agradecer ya que si aquí el pan vale 2 euros, imaginad cuánto cuesta hacer submarinismo.

Antes de poneros los dientes largos con alguna foto de los alrededores del pueblo y explicaros un poco nuestras actividades de ocio vamos a hablar un poco del trabajo que hacemos a cambio de vivir aquí. Nos levantamos con el Sol (la mosquitera no es una cortina), que es sobre las 7 de la mañana (de hecho amanece antes pero tanto Marina como yo somos de párpado grueso). Desayunamos con la familia (nosotros dulce, ellos salado) y a las 8 ellos se van a trabajar y nosotros nos quedamos en la casa. 



Empleamos la mañana en el jardín (arrancamos malas hierbas, “weeds” en inglés, adecentamos el camino de acceso, cuidamos las plantas gigantes…) o en el almacén de la empresa de la familia, que está lleno del atrezzo que utilizan en los eventos que organizan (también hay arañas como puños y Jeff, el encargado de material, con el que hemos hecho muy buenas migas y William, su perro, que también es amigo nuestro). Otros encargos son ir al súper o ir a buscar a Vicki al trabajo, lo que requiere coger el coche… ¡Con el volante a la derecha! Tengo preparada una actualización del blog donde explico un poco qué tal es esto de conducir por la izquierda, pero esperaré unos días para que podáis disfrutar de la presente actualización (realmente no tengo el texto escrito todavía, pero está en mi mente, que últimamente no sabe si pensar en inglés, catalán o castellano).



Los trabajos en sí son sencillos, pero al ser a pleno sol (recordamos que el famoso agujero de la capa de ozono está encima de Australia) y durar entre 5 y 6 horas curten bastante (a la espera de curtirnos correctamente de momento usamos tiritas para las yagas de las manos). La familia no vuelve hasta las 5 o 6 de la tarde (la hora de cenar) así que tenemos mucha libertad y, lo más importante, nos dejan usar el coche cuando queremos.

Como tenemos libres todas las tardes,  los Kurth son algo parecido a una agencia de actividades de ocio (de hecho su empresa consiste en eso) y lo de conducir por la izquierda está más que superado, pues hemos explorado esta zona de Queensland. A 5 minutos de la casa tenemos la playa de Fourmile, enorme, y a 15 minutos tenemos el parque natural del Daintree Rainforest; la selva tropical más antigua del mundo.

Los alrededores de la casa: Todo son campos de cañas de azúcar por la parte “delantera” y selva tropical por la “trasera”. En toda la zona hay canguros, pero a pesar de pasear bastante y adentrarnos en el bosque no hemos visto ninguno, yo sospecho que es debido a la poca discreción de Marina al caminar entre la maleza. Actualmente en las sendas de los animales tienen un cartel que dice “Caution: Marina”.



La playa: Inmensa. 



Toda la arena dura y bien llanita, perfecta para jugar a fútbol. 



Como curiosidad debemos destacar que durante los meses de verano (noviembre-mayo) hay que bañarse en zonas acordonadas con redes debido a las medusas, tiburones y cocodrilos marinos (los cocodrilos de mayor tamaño del mundo). Para las picaduras de medusa dejan botellas de vinagre azul (ya avisan que no sirve para ensaladas, siempre que hay algo gratis pensamos en lo mismo…) justo debajo de las señales de advertencia.



La selva: El parque natural/nacional Daintree Rainforest o Daintree National Park está gestionado por los aborígenes, a modo de compensación por los agravios históricos que han sufrido y como un método de integración social. Nosotros hemos ido a la parte de Mossman Gorges, que se corresponde con las bañeras (gorges) que crea el río a su paso por la población de Mossman. La mejor forma de describir el lugar es la siguiente: Jurassic Park. Si no os sirve podéis mirar las fotos.





Evidentemente Marina y yo fuimos unos valientes y nos bañamos en territorio de cocodrilos. Yo creo que con lo fría que estaba el agua ahí no pueden vivir cocodrilos.



Por ahora vamos a ir dejándolo aquí, que tenemos que ver un rato la tele (los Kurth le ponen subtítulos a todo con el teletexto para que aprendamos) y luego ir a dormir (aquí a las 10 está todo el mundo KO). En breves iremos a bucear a la Gran Barrera de Coral, daremos recuerdos a Nemo de vuestra parte.

Enrique & Marina